AgeStado All articles
Cine y Cultura

Mayores en la red: cómo los españoles de más de 60 están reinventando las redes sociales sin dejar de ser ellos mismos

AgeStado
Mayores en la red: cómo los españoles de más de 60 están reinventando las redes sociales sin dejar de ser ellos mismos

Photo: Anna Soós Korànyi / Adam Cuerden, Public domain, via Wikimedia Commons

Hace no tanto tiempo, la imagen del abuelo o la abuela peleándose con el móvil para mandar un WhatsApp era casi un chiste recurrente en las sobremesas familiares. Hoy, esa misma persona puede tener decenas de miles de seguidores en TikTok, publicar recetas en Instagram que arrasan en guardados o grabar vídeos en YouTube sobre historia, jardinería o filosofía de vida que la gente joven consume con devoción. El cambio ha sido silencioso, pero profundo.

España está viviendo una pequeña revolución digital protagonizada por quienes, paradójicamente, se suponía que iban a quedar al margen de ella.

El estereotipo que ya no se sostiene

Durante años, el relato dominante fue claro: las redes sociales eran territorio de jóvenes. Los algoritmos, los filtros, los «stories», los «reels»... todo parecía diseñado para una generación que había crecido con un smartphone en la mano. Las personas mayores aparecían en ese ecosistema, en todo caso, como receptoras pasivas: alguien que recibía vídeos de gatitos por WhatsApp, no alguien que los creaba.

Pero los datos cuentan otra historia. Según el INE, el uso de internet entre los españoles de 65 a 74 años ha crecido de forma sostenida en los últimos cinco años. Y más allá de las estadísticas, basta darse una vuelta por TikTok o YouTube para encontrar a personas como Lola, una jubilada sevillana de 67 años que comparte reflexiones sobre la vida con un humor tan afilado que sus vídeos acumulan miles de visualizaciones, o como Manolo, un antiguo maestro de Valladolid que explica historia de España con una claridad y una pasión que muchos docentes universitarios envidiarían.

No son casos aislados. Son la punta de un iceberg generacional.

¿Qué tienen que los demás no tienen?

Aquí viene lo interesante. Cuando se analiza por qué ciertos creadores de contenido mayores conectan tan bien con audiencias diversas —incluyendo gente mucho más joven—, la respuesta casi siempre tiene que ver con una palabra: autenticidad.

Las personas que han vivido seis décadas o más no necesitan construirse una identidad para la cámara. Ya la tienen. No buscan validación de la misma manera que puede buscarla alguien de veinte años, y eso se nota. Hablan de lo que saben, de lo que han vivido, de lo que les importa de verdad. Y en un entorno digital saturado de postureo y contenido fabricado, eso resulta refrescante hasta para el algoritmo.

Además, tienen algo que el mundo digital valora cada vez más: criterio. La capacidad de contextualizar, de matizar, de no dejarse llevar por la última tendencia sin pensarlo dos veces. En tiempos de desinformación y contenido efímero, una voz que transmite experiencia real es un bien escaso.

Alfabetización digital: el primer paso, y no el más difícil

Claro que llegar a ese punto no es inmediato. La brecha digital sigue siendo real, y sería ingenuo ignorarla. Muchas personas mayores en España todavía se enfrentan a barreras importantes: desde la falta de dispositivos adecuados hasta la ausencia de formación accesible, pasando por el miedo —muy comprensible— a hacer el ridículo o a caer en alguna trampa online.

La buena noticia es que cada vez hay más recursos pensados específicamente para este colectivo. Los centros de mayores de muchos ayuntamientos españoles ofrecen talleres de iniciación digital. Plataformas como YouTube tienen tutoriales en castellano para todos los niveles. Y, quizás lo más valioso, existe una comunidad creciente de personas mayores que se enseñan entre sí, que comparten trucos, que se animan mutuamente a dar el paso.

El aislamiento social es uno de los grandes retos del envejecimiento. Y aunque las redes sociales no son la solución mágica, sí pueden ser una herramienta poderosa para mantener vínculos, descubrir aficiones compartidas y sentirse parte de algo más grande que el propio barrio o la propia familia.

Consejos prácticos para empezar sin agobios

Si estás pensando en dar el salto —o si quieres animarlo a alguien cercano—, aquí van algunas ideas que funcionan:

Empieza por lo que ya te gusta. No tiene sentido abrirse un perfil de TikTok si lo que realmente te apasiona es la fotografía. Instagram o incluso un blog sencillo pueden ser un punto de partida mucho más natural. La plataforma importa menos que el contenido.

No intentes imitar a los jóvenes. Este es quizás el error más común. Los creadores mayores que mejor funcionan son los que no tratan de sonar ni de verse como alguien de 25 años. Su valor está precisamente en ser quienes son.

La regularidad vale más que la perfección. No hace falta publicar cada día ni tener una producción impecable. Un vídeo sencillo grabado con el móvil, con buena luz y buena historia, puede conectar mucho más que uno ultraproducido pero vacío.

Cuida tu privacidad, pero no te paralices. Es razonable ser prudente con los datos personales y con lo que se comparte públicamente. Pero el miedo excesivo puede convertirse en un freno innecesario. Informarse sobre la configuración de privacidad de cada plataforma es un primer paso sencillo y muy útil.

Busca tu tribu. En cada plataforma hay comunidades de personas mayores que comparten intereses similares. Encontrarlas puede cambiar completamente la experiencia de estar en redes sociales.

La identidad, ese tesoro que nadie puede quitarte

Hay una pregunta que subyace a todo esto y que vale la pena hacerse en voz alta: ¿las redes sociales cambian quiénes somos? La respuesta honesta es que pueden hacerlo, si uno no va con cuidado. La presión por los «likes», la comparación constante, la sensación de que nunca eres suficientemente interesante... son dinámicas que afectan a personas de todas las edades.

Pero también es verdad que quien llega a los 60 o los 70 años con una identidad sólida, con valores claros y con la perspectiva que da haber vivido mucho, tiene una armadura natural frente a esas presiones. No necesita que le digan quién es. Ya lo sabe.

Y eso, en el fondo, es lo que hace que la presencia digital de esta generación sea tan valiosa: no solo para ellos mismos, sino para todos los que los leen, los escuchan o los ven. En un mundo que a veces parece empeñado en vivir solo el presente, una voz con memoria y con raíces es exactamente lo que hace falta.

En AgeStado lo tenemos claro: la madurez no es un punto de llegada. Es, muchas veces, el mejor punto de partida.

All Articles

Related Articles

Actores españoles que florecieron en pantalla pasados los 50: el arte de envejecer con fuerza

Actores españoles que florecieron en pantalla pasados los 50: el arte de envejecer con fuerza

Viajar con alma después de los 55: los destinos europeos que cambian la manera de ver el mundo

Viajar con alma después de los 55: los destinos europeos que cambian la manera de ver el mundo